17 de junio del 2020

Se dice que cuando le das a una persona mucho dinero o mucho poder su personalidad aflora, se muestra, es como ponerla en una caja de resonancia que nos permite ver con nitidez quién es, verdaderamente. La incertidumbre tiene también esa particularidad, coloca a un individuo bajo presión, somételo a un ambiente volátil, incierto; seguro se manifiesta, su personalidad va a mostrarse y sabremos de qué esta hecho tarde o temprano.

Justo es el caso de un pequeño restaurante en la Ciudad de Mérida, Yucatán, en México; que, como cualquier otro se encontró de pronto dentro de una pandemia, un entorno nuevo no previsto, que obligó a todos los restauranteros a cerrar sus negocios, y si acaso, ofrecer servicio a domicilio. Opción más viable para la comida rápida o fácil de transportar, pero no tanto para nuestro ejemplo de hoy, cuyo negocio central es ofrecer una experiencia superlativa al cliente con una cocina de autor, ofreciendo la mejor carne de la ciudad... ¿cómo haces eso a domicilio?

La tentación ahí estaba, el gremio restaurantero en su conjunto tomaba medidas drásticas e inmediatas ante el COVID-19, despidos por todos lados, grandes conglomerados dejando ir a sus colaboradores, ¿sin justificación? Claro que no, la perspectiva de ingresos era (y sigue siendo) prácticamente inexistente. Era (y es) genuino instinto de supervivencia, en un periodo de agonía que puede causar la muerte.

Mientras tanto, Carlos Aguirre y Eduardo Medina pensaban diferente, en su cuarto de guerra se respiraba incertidumbre, sin duda, pero también deseo de ayudar, ¿se imaginan? Pareciera que nunca vieron el anuncio de los aviones que recomienda “pondérese primero su máscara de oxígeno antes de ayudar a otros”. Las discusiones sin duda fueron acaloradas, retadoras, a veces incongruentes y desesperadas, pero siempre tuvieron una característica: visión. Es increíble como un capitán de barco puede lograr tanto si tiene claro su propósito y, en el Restaurante 130* eso nunca estuvo en discordia: sobrevivir si, pero sin dejar de poner al centro a la comunidad que les ha dado tanto, sobre todo su preferencia.

El plan se puso en marcha y en un negocio sin dinero, donde lo lógico era despedir gente, mantuvieron a su equipo de trabajo, salieron a buscar patrocinios, se coordinaron con las autoridades, establecieron una cadena de suministro, un centro de producción y una ruta logística de reparto, con un estricto cuidado sanitario. Al cabo de unos días esas conversaciones se acompañaron de una ejecución contundente, ágil, decidida y empezaron a preparar alimentos para los médicos que luchan contra la pandemia. El esfuerzo empezó chico, como todo emprendimiento, pero a la vuelta de días empezó a tomar impulso, y como toda buena idea, encuentra eco, resonancia y se produce la diáspora.

Hoy, el Restaurante 130 Grados ha entregado más de 3,500 comidas a médicos en toda la ciudad, seguramente para cuando usted lea este artículo llevarán muchas más. Se han sumado otros restaurantes a la iniciativa, como Cien Fuegos, Hermana República; también proveedores clave como Sigma Alimentos por mencionar algunos.

130 Grados sigue en pie de lucha, abierto para sus clientes y ayudando a los Médicos. Cuando hablamos de ejecutar con sentido de urgencia e impecabilidad a eso nos referimos, porque no hay nada que de mas gusto que una idea que se vuelve realidad, una realidad que ayuda a miles de personas.

¿Te quieres sumar? Únete al esfuerzo en: https://130grados.mx/nuestrosheroes/